El drama de los campesinos Tolimenses

Desde que tiene memoria Irrenaldo ha vivido en su finca ubicada en zona rural de Anzoátegui, es una parcela pequeña de 6 hectáreas, que le ha permitido vivirá él y a su familia desde siempre, porque como afirma: los campesinos del Tolima tienen una relación especial con su tierra.

La tierra es agradecida, le produce café, yuca, plátano y fríjol; cultivos que cuida de sol a sol, porque los frutos se convierten en hijos, hay que consentirlos, desyerbarlos, hablarles y sobre todo quererlos y ellos te recompensan con sus frutos. Su vida de ha podido medir en las florecidas del café, en el olor de la tierra mojada, en los surcos donde se depositan las semillas que el sol hace crecer y le permiten vivir dignamente.  Por sus manos callosas han pasado cientos de cosechas, porque cuando se es campesino se vive en función de la tierra.

Irrenaldo asegura que ha habido días buenos y malos, épocas de vacas gordas y flacas, sin embargo, ahora mira con tristeza a sus hijos, sus cultivos rotos, deshojados y marchitos: la lluvia arrasó con todo.

En invierno se sienta a ver llover: horas y horas viendo como el líquido vital destruye todo por lo que ha trabajado este año.

Pero las deudas no esperan, el banco llama, cobra y pide su dinero, dinero que no tiene porque perdió el 95% de la cosecha, la tierra que le ha dado todo ahora se lo quita.

Le pregunto ¿Qué necesita? Y con la fuerza y el tesón que tienen los campesinos Tolimenses, me responde: no quiero que me regalen nada, solo necesito que me den tiempo, que me esperen, porque desde que tenga tierra, buen clima y salud para cosechar, lo tengo todo.

Por: Paola Rojas Gómez, periodista regional